Las personas se reescriben, ajustan su presente con su pasado en una fantasía de linealidad que raramente se corresponde con los hechos. Quizá sea la forma en la que se sienten bien.
Yo no tengo nada que reescribir. Ni quiero. El dolor se me agolpa en el cerebro al mirar atrás. Mucho de lo que arrepentirme. Todo que olvidar, pero nada que borrar.
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