Cuando todo mi discurso son hoy hechos probados, apago la radio sin atender a los veinticinco imputados progresistas diarios y me dirijo entre el calor del mediodía al eterno retorno de las entrevistas de trabajo. La oficina de empleo, tras sortear varias barreras, me había preseleccionado con bastante ventaja en la baremación. Pero algo no encajaba. Los casi tres mil euros mensuales del puesto sin unos criterios análogos al sueldo harían sospechar en una web tipo infojobs de que no se trataba de una oferta real. En una oficina de empleo, el puesto sí tenía que existir, pero que tener trampa.
En el fantástico sector público que nos hemos dado, los contratos se dan como si uno estuviese en el salón de su casa. Las relaciones laborales se rigen por un feudalismo análogo, o como dicen en fino los anglosajones, por una patron-client relationship. Así pues, primero se recaban los currículums y después se establecen los criterios de selección. Las entrevistas las realiza una sola persona, sin hacer públicos esos criterios con anterioridad a ella -ni tampoco con posterioridad-, y que además toma la decisión en solitario como jefa laboral futura. Ya sabíamos que en el Estado Español no hace falta dinero para ser empresario privado... ni hace falta tener una empresa privada. Se puede ser un empresario privado desde una empresa pública, con total comodidad. El partido político, el sindicato, la red social local formada alrededor... El trabajo no es un factor de producción en el Estado Español, sino que es una relación social. Una relación social en la que la producción es lo de menos.
Precisamente tenía una libreta en la que apuntaba pensamientos en la que proclamaba con letras grandes: El trabajo es una relación social. Todas las parrafadas posteriores resonaron en mi cabeza con el ardor de los grandes descubrimientos, en este caso un ardor triste y alucinado. No las escribí y se fueron desvaneciendo. Igual que se desvanecían volviendo a casa esquivando el sol y sufriendo calor extremo las mínimas esperanzas de justicia que apenas había conservado. Que apenas nunca había conservado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario