jueves, 16 de julio de 2026

Las personas se reescriben

Las personas se reescriben, ajustan su presente con su pasado en una fantasía de linealidad que raramente se corresponde con los hechos. Quizá sea la forma en la que se sienten bien. 

Yo no tengo nada que reescribir. Ni quiero. El dolor se me agolpa en el cerebro al mirar atrás. Mucho de lo que arrepentirme. Todo que olvidar, pero nada que borrar. 

jueves, 9 de julio de 2026

Doctrina

Hay dinero de izquierdas y dinero de derechas. El dinero de derechas es malo. El dinero de izquierdas es bueno. 

martes, 7 de julio de 2026

Stanley Clarke

Acudo al teatro al Festival de la Guitarra en el que no actúan guitarristas para ver a Stanley Clarke, inamovible valor en las listas de bajistas renombrados de la historia y jovenzuelo del jazz a sus 75 años. En mi adolescencia, en mi ciudad, apenas había conciertos de rock, por lo que en cuanto aparecía un icono del jazz allí me iba. Vuelvo a estas viejas costumbres para llevarme de regalo un concierto monumental. 

La cosa no pintaba bien porque el repertorio elegido era el de Return to Forever, emblemática banda de fusión liderada por Chick Corea. Yo odio a Chick Corea. La fusión mal entendida puede llegar a confundirse con música de ascensor, y yo siempre entiendo mal cualquier cosa relacionada con los teclados de Chick Corea, que en paz o en su platillo volante descanse, dada su condición de destacado miembro de la Iglesia de la Cienciología. Stanley Clarke -esto no lo sabía hasta hace cinco minutos- compartía con él esa controvertida militancia, lo cual es otro punto en contra de Return to Forever. 

Los malos presagios no se cumplieron. Los míos, me refiero. La necesidad hace virtud, y el cambio de componentes de la banda de acompañamiento cambió la escala del repertorio. "Romantic Warrior" sin guitarra eléctrica, por incomparecencia del guitarrista, y sin bajo eléctrico, puesto que Stanley Clarke permaneció sentado junto al contrabajo casi todo el show, se convierte en jazz moderno con algún toque free, sin apenas fusión añeja. 

Stanley Clarke saltó a la fama como bajista eléctrico, por lo que estaba fuera de mi radar como el mayúsculo contrabajista que es. Uno que juega en la liga de Charlie Haden, Dave Holland o Ron Carter. Uno que rinde tributo a Charlie Mingus sabiéndose ilustre continuador. Hay un punto en que se revela su condición simultánea de bajista y contrabajista: su capacidad para dirigir el ritmo guiando a la batería y al mismo tiempo dialogar melódicamente con el piano. 

Enérgico cuando las fuerzas se lo permiten, suave cuando nos hace descansar en la eternidad del jazz, Stanley Clarke se paseó por el teatro exhibiendo un talento que nunca será rutina, otra noche más. Salí viendo la luna doble; un poco por impresión, otro poco por enfermedad.  

miércoles, 1 de julio de 2026

Cuando

Cuando todo mi discurso son hoy hechos probados, apago la radio sin atender a los veinticinco imputados progresistas diarios y me dirijo entre el calor del mediodía al eterno retorno de las entrevistas de trabajo. La oficina de empleo, tras sortear varias barreras, me había preseleccionado con bastante ventaja en la baremación. Pero algo no encajaba. Los casi tres mil euros mensuales del puesto sin unos criterios análogos al sueldo harían sospechar en una web tipo infojobs de que no se trataba de una oferta real. En una oficina de empleo, el puesto sí tenía que existir, pero que tener trampa.

En el fantástico sector público que nos hemos dado, los contratos se dan como si uno estuviese en el salón de su casa. Las relaciones laborales se rigen por un feudalismo análogo, o como dicen en fino los anglosajones, por una patron-client relationship. Así pues, primero se recaban los currículums y después se establecen los criterios de selección. Las entrevistas las realiza una sola persona, sin hacer públicos esos criterios con anterioridad a ella -ni tampoco con posterioridad-, y que además toma la decisión en solitario como jefa laboral futura. Ya sabíamos que en el Estado Español no hace falta dinero para ser empresario privado... ni hace falta tener una empresa privada. Se puede ser un empresario privado desde una empresa pública, con total comodidad. El partido político, el sindicato, la red social local formada alrededor... El trabajo no es un factor de producción en el Estado Español, sino que es una relación social. Una relación social en la que la producción es lo de menos. 

Precisamente tenía una libreta en la que apuntaba pensamientos en la que proclamaba con letras grandes: El trabajo es una relación social. Todas las parrafadas posteriores resonaron en mi cabeza con el ardor de los grandes descubrimientos, en este caso un ardor triste y alucinado. No las escribí y se fueron desvaneciendo. Igual que se desvanecían volviendo a casa esquivando el sol y sufriendo calor extremo las mínimas esperanzas de justicia que apenas había conservado. Que apenas nunca había conservado. 

Julio

Hasta las hormigas se mueren de sed este verano.