Anteayer se me escapó un verso. Se escurrió entre el calor y la alergia, entre mirar a los lados y conjugar las gafas de sol no graduadas protectoras con la acuciante miopía que me ayuda a ignorar el mundo. No puedo decir si el verso era bueno o malo, solo confirmar que era un verso que desafiaba la sequía. Mi sequía. La completa ausencia de palabras, pensamientos y hechos y ganas. Por no tener, también las ganas de morir se han ido. La espera interminable que la sustituye hace lo que se le presupone. Espera sin objeto. Espera sin sujeto. Espera sin proceso, que solo conserva el nombre. El nombre y la inercia.
En la cruel fantasía de estos irreales años.
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