Desapareció el metal gótico en el más absoluto silencio, como se fueron por el desagüe los chupitos de absenta del Phobia, como se demolieron las paredes por las que se encaramaban los creyentes nocturnos de la marcesibilidad del alma.
La señora que vive enfrente canta a voz en grito mientras cocina. Unas horas después, gritará a los turistas que molestan. Turistas que ahora me molestan a mí, haciendo saltar la alarma del alojamiento al no introducir bien el código.
Este ruido cotidiano se filtra para no causar tristeza. El metal gótico buscaba precisamente causar tristeza. Tristeza movilizadora y bailable.
Se fue el metal gótico y no nos enteramos. La oscuridad se volvió demasiado aterradora como para jugar con ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario