jueves, 13 de marzo de 2025

El Holocausto Sirio

Durante casi una quincena de años hemos afirmado casi en solitario lo evidente: las fuerzas "democráticas" de la primavera árabe siria eran un conjunto terrorista profusamente financiado con un único horizonte estratégico: la limpieza étnica. "Alauíes al ataúd, cristianos a Beirut" bramaban sus cánticos que la izquierda occidental consideraba ejemplares y liberadores. 
En lugar de escandalizarse cuando lo ponen en práctica, la Unión Europea convoca una conferencia de donantes para dar su apoyo, al mismo tiempo que su Servicio Exterior -¡que dirige un súbdito marroquí con pasaporte comunitario!- emite un comunicado condenando a las víctimas. Ya con anterioridad, se había suspendido el derecho de asilo para los sirios que huían del nuevo régimen prooccidental en el que las mujeres carecen de ningún derecho y las fuerzas de seguridad están afiliadas a Al Qaeda o llevan parches del Estado Islámico. 
El odio al socialismo sirio, que representaba la estatalidad del país, ha sido la característica común del progresismo. Profesores de universidad, diputados, ongs, medios de comunicación oficiales, medios de comunicación alternativos... Portavoces de una masacre anunciada. 
La sangre alauí no les salpica a ellos, la sangre que corre por los ríos y las montañas que no le importa a nadie. El genocidio armenio. El genocidio yazidí. Todo ello reiterado, reiterado, hasta que se borre todo rastro de Jesús, de Alí, de Zoroastro, de la completa historia. 
Libros secretos que no tienen quien los lean. Mirando las fotos, no cabe duda de por qué Europa los odia: son mediterráneos, son nuestra viva imagen. Pronto sufriremos el mismo destino, a mano de las fuerzas oscuras que nos gobiernan, tan poderosas como risibles, tan inútiles como mortíferas, tan anodinas como imparables.   

Opacando a las personas, resaltando a las personas

Mi amigo H. utiliza la IA para generar lenguajes criollizados en los que componer rap. Su jefe le indica que escriba los informes de la empresa con IA. Qué falta de imaginación. Media humanidad se atribuye el trabajo de la máquina, en una trampa crecientemente aceptada.

¿Por qué no hacerlo al revés? Enviar a la empresa nuestros informes más delirantes, y atribuirlos a la IA.